AÑO TRAS AÑO, CUMPLIENDO AÑOS
Arrastras con la dichosa felicidad.
Leer al neurocientífico Antonio Damasio (Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2005) me ayuda a meditar, en concreto, acerca de la ¡felicidad!
Como cada inicio de año, pedimos salud, lo primero. Y deseamos a todos ¡feliz y próspero año! Peticiones que comparto. Muchas amistades recuerdan que el día uno de enero cumplo años; llevo ya 76 celebraciones.
El siete de enero, se cumplirán catorce meses sin Felix. Otro seis de enero sin él. Nos presentaron el día de Reyes, y lo celebramos cada año hasta su muerte. No fuimos un matrimonio armonioso. Sin embargo, de alguna forma, sobrevivimos a los diversos avatares que la vida nos deparó, cada uno con su carácter.
El duelo por su pérdida lo vivo hoy con cierta rabia. El llanto permanece en soledad. De modo que, tanto la furia como las lágrimas he de aprender a expresarlas y compartirlas persona a persona. Es algo que me cuesta, por mi carácter reservado. No sé llorar ni por teléfono. Cuando escribo suelo ser capaz de mostrar cómo me siento.
Para mí, Damasio describe el concepto de felicidad que comprendo bien:
La felicidad es una conexión de cinco factores humanos (cuerpo, cerebro, emoción, sentimiento y razón) basta que falle uno para perderla.
Mente y cuerpo forman una única unidad orgánica. La mente no opera en un plano ajeno al cuerpo, sino dentro de él, modulada por circuitos que conectan sensaciones, memoria emocional y razonamiento.
(Antonio Damasio es reconocido en todo el mundo como uno de los más importantes científicos cuya aportación está siendo esencial para el conocimiento de los mecanismos que rigen el funcionamiento del cerebro. Sus estudios han revelado qué áreas cerebrales ejercen una decisiva influencia en la conducta humana, particularmente en los procesos de emoción y elaboración de los sentimientos, así como un mejor entendimiento de las bases cerebrales del lenguaje y la memoria. Sus logros científicos están contribuyendo a la lucha contra enfermedades que, por su gravedad y extensión, tanto preocupan a la Humanidad, como el Parkinson y el Alzheimer.) Fuente
Honestamente: mi cuerpo funciona de momento, el cerebro permanece activo, las emociones están alteradas, el sentimiento de tristeza sigue ahí y la razón me ayuda a mantener la prudencia en la toma de decisiones. Tres de cinco: no hay motivo de queja. En estos momentos no me siento capaz de equilibrar las emociones y los sentimientos. Supongo que todo puede llegar. En todo caso, el asunto de la felicidad no lo siento prioritario.
Te recuerdan mis primos fortachón.
Siempre con el jersey sobre los hombros.
Comiendo chuletones y pimientos de Padrón.
Empanada de bacalao con pasas.
Quesos y membrillo.
Tarta de almendra y orujo de alambique...
Como buenos gallegos, las comidas seguían en la cena.
Felix fue une hombre sano hasta en el lecho de muerte. El alzhéimer hizo mella en él, es de suponer, por cuestiones distintas a la hipertensión, diabetes, colesterol alto... que mantuvo siempre en rango sin necesidad de medicación. Su educación superior tampoco le predisponía. Era un ávido lector. Caminaba a diario, y hacía gimnasia de mantenimiento en casa. No era fumador. Y bebía agua abundantemente.
Cabría averiguar si, en su caso, el haber estado internado tres años (de los 11 a los 14 años) saliendo únicamente en vacaciones pudo suponerle carencias nutricionales y afectivas que arrastró sin saberlo.
Comparto estos hechos porque la mente se ve afectada por las emociones y los sentimientos. Hemos de cuidar a nuestros pequeños, a los adolescentes, a los jóvenes, a los adultos, a los mayores en la alimentación de cuerpo y mente.
La felicidad deviene de un equilibrio biológico delicado cuya complejidad científica revela su profundo valor humano.

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