UN VERANO PENDIENTE
¡Tomar decisiones me cuesta horrores!
Este segundo verano sin Felix, me mantiene en un estado mental vacilante.
La inquietud que siento al pensar en partir guarda relación con la seguridad que percibo en mi hogar; los viajes se me hacen cuesta arriba.
En casa lo tengo todo, cualquier rincón me acomoda para dar rienda suelta a mis emociones... Afuera el llanto guarda un silencio compungido, y las estancias no me dan cobijo.
"Mirar con ojos nuevos... sin cambiar de paisaje" como decía Marcel Proust, por que no importa el destino si no la sensibilidad de apreciar el recorrido. Voy a intentar mirar en mi interior siguiendo esa idea de encontrar aquellos instantes que me hagan sonreír y, porque no, también llorar.
A quienes me preguntan cómo llevo el duelo, les contesto: para mí es un estado que me acompañará mientras viva.
Disiento en mostrar el duelo como proceso. Hay experiencias vitales que no se pueden dejar atrás ni tampoco olvidar. Ello no implica que uno pueda mirar con ojos nuevos los recuerdos que han marcado una vida juntos, y que pueden servir de trampolín para otear nuevos recorridos en soledad.
Tras un ir y venir de adónde ir, este verano visitaré otro año más mi ciudad natal. No siento nostalgia de las temporadas que disfrutamos juntos en aquellas tierras. Del verano pasado guardo buenos recuerdos junto a mis primas y primos.
Aún con todo, viajar sola no me gusta, y estar en la habitación de un hotel es duro. Pero, se trata de salir del horno mediterráneo y pasar una temporada al fresco atlántico. Tal y como él me recordaba cada verano: "No estás hecha para soportar el calor".
La imagen que acompaña esta entrada se tomó en Lugo, en uno de esos viajes que hacíamos los dos solos en julio para celebrar nuestro aniversario de boda. Cada matrimonio mantiene el equilibrio a su manera. Cincuenta y dos años juntos dan para unos cuantos momentos de tensión.
En otro momento contaré la incertidumbre que vive una pareja cuando en uno de ellos debuta la enfermedad de Alzheimer muchos años antes de dar la cara.
Evoco ahora aquellos años en los que Felix se sentía extraño, y la mirada cambia. En todo caso, me queda el recuerdo de seguir junto a él, cuidándole hasta el final.


