CONÓCETE A TÍ MISMO
No hay nada más inquietante que mirar, y ver.
El acertado aforismo de "conocerse uno mismo" sigue vigente en este concreto momento para una sociedad occidental incapaz de mirarse sin lamerse sus heridas. Una contrariedad abierta no se cura anclándose en el pasado. Echar balones fuera cierra la opción de mirar y ver la lesión.
La Historia se completa accidentalmente. Pero no por ello dejamos de ser el protagonista de nuestra vida. El personaje que orienta nuestros pasos no puede ser un extraño. La complejidad de reconocerse uno mismo, nadie lo pone en duda.
Cuando nos miramos cada día al espejo y comparamos con imágenes anteriores, observamos las diferencias que las circunstancias van dejando huella en nuestro cuerpo. Cada uno decide qué hacer: desde someterse a una cirugía plástica a tonificarse en un gimnasio. Nada que objetar. El asunto es que somos algo más que un cuerpo material.
El pasado lunes, el profesor de "escritura creativa" nos propone que escribamos un relato 'erótico'. Le expreso abiertamente que a mis setenta y seis años no he elegido hasta la fecha ese tipo de literatura de contenido voluptuoso y que, por tanto, no tengo referentes para componer un relato. ¡"No pasa nada!" -le dije- "Voy a estudiar el tema". Eso de someter a estudio las inquietudes que se presentan, forma parte de mi idiosincrasia. Siempre es tiempo de aprender y comprender.
Pensando en componer el relato para la clase, recuerdo las últimas investigaciones que he leído sobre la unión de un neandertal y una sapiens. Con un poco de chispa creativa "Adanero y Evucha" se convierten en los protagonistas de lances amatorios que han llegado a nuestros días entrelazados en la mitocondria que compartimos. Sin duda la imaginación se pone en marcha a voluntad.
Reconocer tanto las fortalezas como las debilidades dan carácter a la vida de uno. El miedo atenaza. La honradez engrandece. Quienes azuzan recelan de la lealtad.
El alma se refleja en el comportamiento, no en vano, otros aforismos lo confirma: "obras son amores y no buenas razones"; "de buenas intenciones están llenos los panteones".
¡EL AMOR PERVIVE!


