LA JUVENTUD NOS DA UNA LECCIÓN MAGISTRAL DE SENSIBILIDAD
Lo confirmo en la firma de libros.
Es el mensaje con el que me dirijo cuando alguien se acerca a la caseta.
He podido constatar lo que sabemos por experiencia: escuchar ALZHEIMER produce rechazo entre la población de más de cincuenta años.
Quienes estamos intentando revertir el estigma de la enfermedad, somos conscientes de la tarea social que hemos de seguir haciendo.
Los jóvenes que ayer decidieron escucharme, mostraron un interés genuino; entienden que la ciencia avanza y que ahora se puede detectar la enfermedad cuando aún no presenta síntomas.
Pagaron algunos con el bono cultural: ¡estupendo! La mayoría no llevaban dinero; tanto es así que uno de ellos telefoneó a casa por ver qué le decía la familia, y regresó contento para llevarse el libro firmado.
También algunas personas mayores, de entre cincuenta y sesenta años, atendieron a las explicaciones y decidieron comprarlo. Uno de ellos, emocionado, me dijo que era sanitario y que esta enfermedad es para muchos una tragedia. Nadie lo pone en duda.
Lo que sí podemos intentar es revisar la mirada trágica y conceder unos minutos a la lectura de otras experiencias que muestran historias reales de una vida serena durante un amplio periodo de años con el diagnóstico de alzhéimer avanzado. Es lo que se muestra en el libro.
Los familiares y amistades que ayer me acompañaron en vivo y quienes lo hicieron por teléfono, me anima a que no decaiga; argumentan que lo que narro puede ayudar a muchas personas porque mis palabras van de corazón a corazón.
Desde luego describo lo que vivo, sin tapujos; con un lenguaje directo sin adornos.
Ahora, al recordar aquellos momentos, me doy cuenta de la felicidad vivida por ambos en aquellos momentos tan duros a causa de la enfermedad.
Soy consciente de la dificultad del relato; sé que cada familia es un mundo y que a cada persona le rodean sus circunstancias. Sin embargo, siento que no se puede rechazar lo que se desconoce.




