sábado, 29 de agosto de 2026

NOVATA 167

EL ABRAZO SALVADOR

Ordenar el pasado en la memoria se hace patente en el duelo.

Cuando este verano leí un artículo que hablaba de cómo, el abrazo pecho con pecho de alguien cercano es la protección natural ante la ansiedad, pues favorece la respuesta biológica de relajación y ayuda a dejar atrás el estado de alerta, me hizo recordar un artículo de 1995, que compartí en su día y que hoy traigo a primera página.












Son muchas las bondades del abrazo; de hecho el poder dar y recibirlo a diario es una medicina que, concretamente en el duelo, la persona puede sentir que escasea en demasiadas ocasiones. Sería conveniente tenerlo en cuenta.

Al releer algunos de los pensamiento del filósofo danés Kierkegaard, comprendo su sentir al expresar: La vida no es un sistema que pueda comprenderse antes de ser vivido. Para él: La vida debe ser vivida hacia delante, pero sólo puede ser entendida hacia atrás.

En esos momentos de incertidumbre (el duelo lo es) aunque nos parezcan caóticos vienen a ser consustanciales al hecho de estar vivo. Para Kierkegaard: Ningún sistema puede eliminar la condición imprevisible de existir. 

Tras el descanso estival de compartir mis experiencias en el blog, me siento capaz de expresar que "vivo sola" pero cada día que pasa soy consciente de que "no estoy sola". Y no me refiero a la compañía anímica de mi marido fallecido, el sentido íntimo de soledad se aleja mientras enfoco en vivir proyectando.

Hay tanto por hacer, tantas personas a las que abrazar, tantas caricias que recibir en mensajes sanadores... Sí, también abrazan los mensajes sinceros que compartimos.

A quienes leáis esta entrada os invito a darnos un cálido abrazo envuelto en palabras acogedoras. ¡Gracias!

lunes, 24 de agosto de 2026

NOVATA 166

LA MENTE GUARDA LO QUE EL CORAZÓN VIVE

Atreverse a vivir mantiene activa la mente.

El viernes pasado regresé a casa después de pasar unos días en Coruña, mi querida ciudad natal.

No sé si les sucede a otros, pero yo no hago distingos: toda la ropa guardada en la maleta va directa a la lavadora.

Mientras tiendo las prendas delicadas, me veo envuelta en recuerdos ligados a los pañuelos y pañoletas que hacen evocar años pasados cuando servían para cubrir el cabello, adornar el cuello o como complemento del atuendo; también como pareo.

Cuando están secos y me dispongo a guardarlos en el cajón de los pañuelos de verano, decido lavar el resto que no me han acompañado en este viaje. Es entonces cuando soy consciente de que, en ese instante, mi corazón palpita entre pañuelos. ¡Son tantos los entrañables recuerdos que encierran! Cada uno me transporta a distintos momentos, gratos la mayoría.

Como cada verano en mi tierra, los paseos son una oportunidad de calma. Caminar sola o acompañada, admirando el paisaje, oliendo a mar, sintiendo la brisa que ayuda a mantener un andar que tonifica los músculos de pies a corazón...

, son esos instantes de bombeo vital los que me llevan a entender que los recuerdos pueden no ser idílicos, pero la mirada se dulcifica cuando se admite la propia responsabilidad. No me refiero a errores, más bien a toma de decisiones ante determinadas circunstancias que se aprecian como idóneas.

El duelo no es una etapa que haya que pasar cuando uno pierde al ser querido, más bien, se trata de un estado de conciencia que te era desconocido. Se entiende así lo singular y valioso del duelo.

Este verano, como el anterior, he tenido la enorme suerte de dar largos paseos con una entrañable prima hermana que enviudó el mismo año que yo. En nuestras fluidas conversaciones se palpa ese estado de conciencia singular por la pérdida del ser querido que late en el corazón; un órgano vital que palpita de manera particular.

Igualmente me he sentido arropada por primos y primas que han hecho que mi estancia en Coruña haya sido motivo de introspección fructífera.

También las personas que me han atendido en el hotel, han dejado huella en mi corazón. Su trato respetuosamente cercano, sabiéndote sola a la mesa en el desayuno, la comida o la cena, procuran hacer algún comentario que invite a mantener una breve conversación. Mis felicitaciones por ello las he trasladado a Dirección.

Coruña es una ciudad de contrastes; en un mismo día se pueden apreciar las cuatro estaciones del año. Tal vez ello convierta a los paisanos en gente resiliente. Al menos a mí me ha venido bien sentirme coruñesa otra vez.

Cada lugar mantiene su encanto que de saber apreciarlo hace que el corazón lata acompasado.

Ahora, tecleando en el ordenador, siento que el corazón me anima a seguir: estudiar, conversar, compartir experiencias, viajar... jugar y cuidar; dar cariño... solicitar ayuda.

martes, 14 de julio de 2026

NOVATA 165

UN VERANO PENDIENTE

¡Tomar decisiones me cuesta horrores!

Este segundo verano sin Felix, me mantiene en un estado mental vacilante.

La inquietud que siento al pensar en partir guarda relación con la seguridad que percibo en mi hogar; los viajes se me hacen cuesta arriba.

En casa lo tengo todo, cualquier rincón me acomoda para dar rienda suelta a mis emociones... Afuera el llanto guarda un silencio compungido, y las estancias no me dan cobijo.

"Mirar con ojos nuevos... sin cambiar de paisaje" como decía Marcel Proust, por que no importa el destino si no la sensibilidad de apreciar el recorrido. Voy a intentar mirar en mi interior siguiendo esa idea de encontrar aquellos instantes que me hagan sonreír y, porque no, también llorar.

A quienes me preguntan cómo llevo el duelo, les contesto: para mí es un estado que me acompañará mientras viva.

Disiento en mostrar el duelo como proceso. Hay experiencias vitales que no se pueden dejar atrás ni tampoco olvidar. Ello no implica que uno pueda mirar con ojos nuevos los recuerdos que han marcado una vida juntos, y que pueden servir de trampolín para otear nuevos recorridos en soledad.

Tras un ir y venir de adónde ir, este verano visitaré otro año más mi ciudad natal. No siento nostalgia de las temporadas que disfrutamos juntos en aquellas tierras. Del verano pasado guardo buenos recuerdos junto a mis primas y primos.

Aún con todo, viajar sola no me gusta, y estar en la habitación de un hotel es duro. Pero, se trata de salir del horno mediterráneo y pasar una temporada al fresco atlántico. Tal y como él me recordaba cada verano: "No estás hecha para soportar el calor".

La imagen que acompaña esta entrada se tomó en Lugo, en uno de esos viajes que hacíamos los dos solos en julio para celebrar nuestro aniversario de boda. Cada matrimonio mantiene el equilibrio a su manera. Cincuenta y dos años juntos dan para unos cuantos momentos de tensión.

En otro momento contaré la incertidumbre que vive una pareja cuando en uno de ellos debuta la enfermedad de Alzheimer muchos años antes de dar la cara.

Evoco ahora aquellos años en los que Felix se sentía extraño, y la mirada cambia. En todo caso, me queda el recuerdo de seguir junto a él, cuidándole hasta el final.