ESCUCHAR EL SONIDO DEL SILENCIO
LA NECESIDAD DE SENTIR AL SER QUERIDO
Pasan los meses y no hay día en el que mi mente descanse de su ausencia.
En casa, sentada en el sillón escucho literalmente "el sonido del silencio" que abarrota la sala. No hay duda de que el amor no desaparece en la ausencia física. Los recuerdos son altamente poderosos, y se manifiestan en mayor medida cuando estás en reposo. Mientras mantengas alguna actividad que requiera algún tipo de escucha, de atención o creatividad "el sonido del silencio" se amortigua.
Para mí es evidente, pues, cuando "escucho al silencio" vuelven las lágrimas. Me embargan los recuerdos de nuestra vida juntos. En la calle, no oigo el ruido del trasiego de vehículos y transeúntes, me embarga "el sonido del silencio".
Puede que sea muy sentimental (a lo Rosalía de Castro) y que en el transcurrir de los años el silencio se torne "ausencia de sonido". Desde luego hoy sigo siendo Rosalía.
¡TE SIGO QUERIENDO!: Le grito cada día y cada noche al silencio.
El silencio me responde con un profundo suspiro a la vez que el corazón late acompasado mientras las lágrimas recorren el rostro y mi mano derecha le busca en la butaca vacía.
Es cierto que en la casa es donde mejor me hallo; tal vez porque es ahí donde el llanto fluye tranquilo y puedo respirar sosegadamente. El silencio es compartido con su presencia ausente y el sonido retumba entre los recuerdos.
Santiago de Compostela, Verano de 2019
Felix mantuvo una conducta social activa aún en la fase moderada de la enfermedad.
Se podría decir que, hasta el verano de 2024, disfrutó de una vida social en la que participaba a su gusto y manera.
Desde la fase asintomática hasta el final transcurrieron 22 años que, en retrospectiva, los llenamos de vida.

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