martes, 21 de noviembre de 2017

ALZHEIMER

El cuidador: La decisión
María de los Ángeles Rodríguez Castaño

Cuando la persona que camina a tu lado, con la que acostumbras a tomar decisiones conjuntas, con la que compartes preocupaciones y alegrías te dice «no me dejes solo», te das cuenta de que has entrado en una etapa significativa en el enfermo de Alzheimer.
A su manera te está transmitiendo su preocupación ante la propia percepción de un ‘yo’ desdibujado. El temor de no comprender lo que le está sucediendo le lleva a reclamar una atención especial: te ha elegido como su cuidador. Y tú, que no puedes habitar su mente, entras en una etapa de tu vida que no habías supuesto.
Desde el inicio de la enfermedad, intuyes que también tú vas a experimentar cambios; los necesarios para ser receptivo, paciente, seguro, cariñoso, tierno, firme, alegre… Lo sabes, pero la teoría te resulta apabullante.
No tienes ni idea de cómo vas a orientar tus actividades para hacerlas compatibles con una nueva tarea para la que no te has preparado, ¿o sí?
Las sorpresas diarias que te depara tu ser querido te sitúa en la cuerda floja. ¿Dudas?, todas. ¿Temores?, algún que otro. ¿Rabia?, intermitente.
Así las cosas, las amistades, los familiares y allegados te invitan a que te procures ayuda personal psicológica. Pero para ti lo relevante es encontrar un lugar especial para que tu ser querido trabaje su mente y mantenga la motivación tan necesaria en el enfermo.
Todos ellos te ayudan en la búsqueda. Contactas, y vistáis centros preparados para los enfermos de Alzheimer. Es entonces cuando te percatas de algo que sabes bien: tu ser querido es único. Y lo sabes por amor.
Aunque en teoría todos los centros de atención sean magníficos, como cuidador has de tomar la decisión final. Eso sí, siempre que el enfermo se sienta a gusto una vez haya participado en alguna de las actividades que allí se realicen.
En el caso que nos ocupa, la elección del enfermo coincide con la del cuidador y con la de sus familiares. Sin duda es una buena noticia que se dé esta coincidencia. Aunque hay que señalar que es difícil que esto suceda a la primera.
Desenvolverse en el mundo de un familiar diagnosticado de Alzheimer, es todo un reto de vida en común por realizar. Nada se acaba: el amor, el cariño, el respeto, la pasión por el otro, las fiestas, los viajes…son fruto de la armonía entre dos seres cuyas mentes conectan aún en la desconexión de uno de ellos.
Cuando en párrafos anteriores he expresado mi duda, si uno se prepara o no para ocasiones como esta, entiendo que sí; y metida en ello estoy en el intento de construir un relato de experiencias que dejan huella y que son la sal de la vida. Con amor espero lograrlo.
 Termino esta breve aportación como granito de arena a una charla divulgativa cuyos datos comparto aquí. Sin duda, los profesionales aportan el amor hacia los enfermos no cejando en el intento de lograr que aquellos se sientan lo mejor posible en el transcurso de la enfermedad.


lunes, 23 de octubre de 2017

HUMANICEMOS LAS RELACIONES


A vueltas con la inteligencia emocional y la tecnología


Viendo esta imagen puede darnos la sensación de que vivimos alejados los unos de los otros; aunque si uno lo piensa mejor, lo cierto es que nos hallamos lejos de nosotros mismos. Desconocemos los profundos sentimientos que nos mueven a actuar. Sin embargo, ante cualquier desacuerdo, echamos balones fuera.
Se podría concluir que desconectamos de nosotros para señalar a los demás de forma totalmente desnhinibida.
Apenas utilizamos ya el 'pen'; ahora llevamos los documentos a la 'nube' y los compartimos sin problemas.
Los cambios consustanciales al crecimiento personal en una sociedad mediática, suponen un problema para la tan ansiada felicidad; la buscamos fuera de nosotros y somos en realidad portadores de esa energía vital añorada. 
Viene a cuento este documento:  De la neurona a la felicidad

MEDIOCRIDAD

Lo mediocre, el ser mediocre, forma parte de uno si la persona abandona el interés por mejorar.


No deberíamos señalar a nadie en función de lo que uno siente porque, entre otros motivos, la propia persona puede abandonar un ideal que antaño abanderaba. Aunque parezca menos acertada tal situación, no es menos cierta en tantos casos.

Hoy se habla de programas basura, de redes contaminadas y de variadas lindezas que llevan a meditar sobre el camino tomado por quienes abandonaron su ideal de crecimiento personal dejándose arrastrar por el barro, ese material  que enloda o que es parte de una magnífica obra objeto de admiración.

¿Qué nos separa de ser arrastrados por el barro a convertirnos en creadores de nuestra propia obra? Vivir implica crear o dejarse arrastrar; cada persona, en su contexto y momento, percibe las dos opciones.

Piensan algunos que la edad cronológica invalida la toma de decisiones de éxito futurible. Lejos de acertar es posible que tales pensamientos se hallen enlodados en las mentes mediocres que han elegido dejarse arrastrar por el barro.

La mediocridad es un asunto que trato de tu a tu, como actitud a resolver día a día. ¿Cómo?: leyendo a quienes sustentan valor; evitando la comodidad del "queda-bien"; comprometiéndome en el crecimiento personal sin tapujos; creando y compartiendo aquellas obras que nos alejan de la mediocridad. 

Sin duda, "La calle nos aturde con su silencio de alma" -una estrofa de un poema (1999) que viene en una de mis obras publicadas "Escalerita al cielo"- "¡Valor! Nos está pidiendo la voz del Tiempo"...