sábado, 21 de marzo de 2026

NOVATA 154

HABLAR ABIERTAMENTE DE MIEDOS Y TEMORES

Una sociedad hedonista sufre en silencio el dolor emocional.

Vamos al gimnasio, corremos maratones, mantenemos una agenda de vértigo, cuidamos la dieta, viajamos más que nunca, y ¿?

¿Con qué herramientas contamos cuando vienen mal dadas? ¿Qué hacemos al vernos inmersos en problemas de salud, laborales o familiares? ¿Hemos ejercitado algo más que no sea el cuerpo?

Desde luego sabemos aquello de "mente sana en cuerpo sano". Ahora bien, me cuestiono si en estos momentos hemos dejado de lado la mente por aquello de que pensamos que no se aprecia en los vídeos que compartimos ni en el quehacer cotidiano. Nos parece que una piel tersa, unos músculos trabajados, un espléndido cabello ondeando al viento son el reflejo de eterna juventud que no estamos dispuestos a perder con la edad.

Envejecer es un lujo que no todos alcanzan. También la mente como el cuerpo sufren el deterioro de una máquina que lleva fecha de caducidad impresa, en este caso, en los genes. No significa que todo esté irremediablemente codificado, pero hemos de ser conscientes de que aprender a vivir implica conocernos: reconocer límites y establecer conductas acordes a nuestras características nos ayuda en el proceso de envejecer saludablemente.

Simplemente, dormir a pierna suelta no es tan sencillo; sin embargo el sueño es un artículo de lujo para lograr esa deseada longevidad saludable. No hablo de ingerir fármacos para lograr el sueño reparador. Los estudios hacen mención a los ancianos de 100 años que mantienen sin problemas un horario estable de sueño. Si uno no es capaz de mantener una rutina horaria para el descanso, es el momento de plantearse cuál puede ser la causa.

El dolor emocional sin compartir pasa factura, entre otros, al sueño reparador.

El llanto en soledad es liberador, en principio; pero lo es en mayor medida si se comparte con alguien cercano que conoce nuestra trayectoria de vida, nos aprecia y no juzga ni interpreta los sentimientos.

Quienes me sigue, saben del dolor emocional en el que estoy inmersa. Conocen también que no doy rienda suelta al llanto en presencia de nadie. Sé que ello no es lo mejor para sanar. De alguna forma siento que es un lastre, que no ayuda en el proceso de duelo.

Cuando al duelo se le añade un dolor cargado de incertidumbre, te enrocas en la intimidad y luces tu mejor signo de esperanza, la sonrisa, en medio de la gente. Las lagrimas, en casa, sola.

Sonreír junto a Felix, ha sido un placer que ahora puedo compartir.




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